miércoles, 26 de octubre de 2011

La piedra

Salió arrastrando la piedra. La calle estaba desierta, y un búho la miraba desde el semáforo en verde. La soga le apretaba la muñeca, pero debía llegar a tiempo a la hora del suicidio. Faltaban 15 minutos. Apretó el paso, sufrió en silencio las llagas, y atravesó la ciudad como poseída por algunos de los fantasmas con los que combatió la noche anterior. El peñasco se abrió ante ella como piernas de mujer. Se colocó al borde, lanzó primero la piedra, y esperó paciente que la cuerda tensionara.

Fueron horas aguardando la muerte, solo que por una extraña razón, la piedra se quedó levitando en el vacío. 

4 comentarios:

  1. Y te faltó la otra parte, Melissa: la piedra empezó a ascender, y fue tanta la belleza que encontró en su vuelo que se preguntó por qué había emprendido aquella áspera ruta. Entonces lo escribió, para que aquel pasaje de su angustia fuera apenas eso: literatura de ficción. No más.
    Un beso.

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  2. No podía imaginar final mejor.... gracias inmensas!!!!, un beso grandote

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  3. Pero además, no hay nada de extraño en la piedra levitando y alzando vuelo, ya el maestro Saramago nos contó en La Balsa de Piedra la manera desaforada en que la peníncula Ibérica se lanzó a nadar en el Atlántico.

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  4. Gracias amigo!!!, muchas gracias por leer, compartir, y levitar junto a estas letras... un beso

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