lunes, 31 de octubre de 2011

El hombre del cinto

Ilustración: Paolo
La reacción fue inmediata. Lo admito: lo miré desde la portañuela hasta la empuñadura del cinto. De manera incisiva. Clavando mis ojos en una zona demasiado atrevida para hacerlo en público. No desvié la vista. No pude. Mis pupilas, y las pestañas, y el iris, y la cabeza, lo siguieron en el corto plazo en que pasó por mi lado.

Lo miré sin permisos y sin pausas, recorrí todo el ciper y descansé sobre la imagen que lucía debajo del ombligo robándole buena parte de la geografía dérmica. Finalmente, no alcancé a verle el rostro, mi atención no se desvió, por eso no sé quién fue la víctima de la ferocidad de mi vista.

Solo que era hombre y que llevaba una figura pegada en la hebilla del cinto. Exhibía a un señor con la mano en alto, detrás, un paisaje poco esperanzador. La imagen era bastante llamativa y digerible para quien se cruzara con ella. Lucía, a la altura de las caderas, al presidente Barack Obama y la Casa Blanca. Lo paseaba con orgullo por el bulevar, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, quién sabe desde cuando.

jueves, 27 de octubre de 2011

Una nube

Foto: Ismael Francisco

Siento que me está naciendo una nube de adentro. Me está saliendo por el iris, y entre los poros, y por debajo de la falda. Una nube inmensa que me pinta de blanco en medio de la calle, y cuando no lo espero me hace flotar por encima de la ciudad, y chocar con otras, y llorar desesperadamente. Es una nube malcriada, impulsiva, celosa…, una nube casi loca y en arrebato.

Me está naciendo dentro, ¿escuchas los gritos?

miércoles, 26 de octubre de 2011

La piedra

Salió arrastrando la piedra. La calle estaba desierta, y un búho la miraba desde el semáforo en verde. La soga le apretaba la muñeca, pero debía llegar a tiempo a la hora del suicidio. Faltaban 15 minutos. Apretó el paso, sufrió en silencio las llagas, y atravesó la ciudad como poseída por algunos de los fantasmas con los que combatió la noche anterior. El peñasco se abrió ante ella como piernas de mujer. Se colocó al borde, lanzó primero la piedra, y esperó paciente que la cuerda tensionara.

Fueron horas aguardando la muerte, solo que por una extraña razón, la piedra se quedó levitando en el vacío. 

lunes, 24 de octubre de 2011

Círculos

Hace círculos en la pared, círculos y más círculos, como si todo en la vida fuera redondo. Círculos en blanco y negro, círculos de colores, más pequeños y más grandes. Círculos que le tapan la cabeza, camas de círculos, libros de círculos, hombres de círculos.
 
No abre los ojos mientras pinta círculos por toda la casa. Sabe de memoria los rincones y no le molestan las telarañas que hace siglos no sacude. Sigue adelante con dos círculos en rojo sobre las pupilas, no se detiene, ni se calma en esa manía constante de rayar las paredes siempre de la misma forma.

Pero no se aventura a traspasar el umbral. Solo da vueltas en círculos dentro de la casa, volviendo a pintar círculos donde ya estaban otros círculos. Y las esquinas ya se tornaron oblicuas, y la armazón de cabillas y cemento también.

Y ella que aún no abre los ojos, no lo ha hecho nunca, no lo hará nunca. Al final del día, solo, sola, se desvanece como un círculo en el centro mismo de la sala.

jueves, 20 de octubre de 2011

Mi caballero

No estoy soñando, llegas con los pies en las bridas, mientras la frente se te ilumina de un sabor a violetas que recuerdo en imágenes. Vienes en tu corcel, ligero, y con tus pasos van floreciendo todas las rosas del jardín. Tienes sueño, no has comido, tardaste siglos en descubrir esta puerta donde siempre te esperé, y por detrás del hombro llevas la marca eterna de la muerte.

Mi valiente caballero de lanzas y molinos, mi señor de poemas en las venas y espinas en el pecho, mi pequeño de sueños gigantes, ni cierres los ojos, quiero tragarme el infierno para que jamás te torturen con fuego. Tú eres la renovación de esta Era, y ante tu figura se rinden todas las borrascas.

Toma ya mi vientre inerte, las hilachas del vestido que no se cansó de llorarte, los cabellos, los labios, las manos; tómame toda en la nueva dicha de ser, otra vez, de mentira. Abre el rumbo con tus pupilas y desvanezcámonos al viento. Pronto, por favor, que se me está cayendo el cuerpo.

lunes, 17 de octubre de 2011

Humedades


No solo fue que no estuvieras o que tu nombre diera vueltas en la casa como un tornado, y que me revolviera las sábanas y los papeles… no solo fue eso. Es que estos dos días fueron grises, muy grises: no salió el sol, hacía frío y la soledad me cristalizó hasta el pensamiento; llovió, llovió sin permisos, sin pausas, y todas las paredes del cuarto, todas, lloraron sin detenerse, y las lágrimas alcanzaron la cama, y subieron desesperadamente para humedecerme las fuentes.

viernes, 14 de octubre de 2011

La isla y ella


Con el último recuerdo construyó una botella. Era azul, oscura, y cuando mirabas a trasluz le sudaban lágrimas. Alta, delgada, con un cuerpo bien delineado, y muy coqueta. No tenía sellos, ni etiquetas, ni marcas en el resto de la piel.


Ella la tomó bien firme. Hacía mucho tiempo que estaba sola, y ya el agua le corría entre las venas. El pelo eran algas puras, color verde y rojo, y las escamas no tardarían en aparecer.

Por eso se enterró en la arena, y con el último rayo de sol lanzó la botella azul de sus recuerdos lo más lejos que pudo; luego se le cerraron los ojos.

Allí esperaría paciente el día de su salvación, solo que olvidó colocar el mensaje dentro.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Perder la virginidad

Lo había decidido: esta noche perdería la virginidad. Pero dónde, cómo tirarla porque sí en algún rincón y no ir a visitarla ni los domingos; en cuál lugar, en compañía de quién. ¿Y si no sirve de mucho perderla? Nadie anda por ahí extraviando cosas. No lo sé.

Dice Rebeca que perder la virginidad duele. Claro, le dije, ¡qué tonta Rebeca!, ¿ella nunca habrá perdido algo? También me contó que a una le sale sangre. Verdad que es complicado todo esto. ¿Le sale sangre a una?, y ¿por dónde? Yo no sé de dónde Rebeca saca tantas historias. Ayer me llamó para decirme que debo buscar a alguien con quien perderla, del sexo opuesto, me gritó por teléfono y colgó.

Debo ir a la farmacia y buscar algo útil para protegerme, eso también me lo advirtió Rebeca. Un guante, una gasa… ¿qué podrá servir? Tampoco sé si decirle a mamá y papá, una vez me castigaron por perder la libreta de matemáticas de mi hermano, di tú ahora qué se trata de la virginidad. Deja ver si encuentro al orgasmo ese, dice Rebeca que debo buscarlo en todo momento. Ya ni sé bien el orden de las cosas: perderla, protegerme, sangre y orgasmo; o: sangre, protegerme, orgasmo y perderla… ¡uf!, qué se yo.


martes, 11 de octubre de 2011

Giro


Has cambiado y lo sabes. Apenas fueron unos días, pero despertamos sin ánimos. Las señales cayeron sobre el asfalto, mientras tú volteabas la cara, y las manos. Ni siquiera dejaste las luces del alba, y ahora veo sombras que se me atraviesan en la garganta. Se esfumaron tus palabras, tus horarios y tus misas, los regaños, los celos, los discursos, el papel, las cenizas, los porqués… y fuimos cayendo en el abismo del pasado. No te encontraré mañana, ni en los cristales de esas voces que asustan, estás para siempre lejos de lo mucho de ti que soy.

viernes, 7 de octubre de 2011

Evocación

“… aunque esta muerte sea / uno de los absurdos previsibles / da vergüenza  (…) / teclear las tres letras mundiales de tu nombre / en la rígida máquina
que nunca estuvo / con la cinta tan pálida”.

Benedetti


“Cuando tú comandante estás cayendo / ametrallado / fabuloso / nítido”, cuando se repite aquella mañana de la Higuera, y el tiempo vuelve a ser mercenario y oscuro y las balas queman a gritos las pieles. Cuando tú, comandante, que “eres nuestra conciencia acribillada”, regresas vestido con el alma, con la boina y la mochila; cuando eso sucede, y entras en mí, y en mis letras, ya nada de lo eterno peligra.

  “Dicen que te quemaron, / con qué fuego / van a quemar las buenas nuevas / la irascible ternura / que trajiste y llevaste”. No, eso es imposible, porque ni aún el silencio logra desvariar tu figura, y reapareces con el sol para alumbrar los caminos, incluso aquellos donde le pusieron fin a tu aire.

Y tu pupila me amanece cada mañana, me levanta de la cama donde te sueño desde siempre. Tengo tu rostro multiplicado en el cuarto, en todos los espacios. Me robé tu sonrisa para colocarla encima de la mesita de noche, y la contemplo hasta el último parpadeo. Mientras, tus ojos, tu barba de guerrero perpetuo, tu nariz perfecta, y el pelo, el pelo que sin brisas te golpea las mejillas, me hacen eternamente tuya.

Estás grabado en mis paredes, varias veces, porque tenerte es el único modo de encontrarme. Y en las tardes te leo poemas de Neruda, también “desde el fondo de ti, y arrodillado”, hasta que el libro rompe la afonía de las distancias y te haces mortal entre las luces. Te leo: “…fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame, / del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo”; y tomo tu mano, fuerte, bien fuerte, para que sepas que a mí, jamás me cultivará otro jardinero.


jueves, 6 de octubre de 2011

Sobre la cuerda del dolor

Hay unos ojos tiernos que la siguen por toda la casa. Pocas veces la descubren riendo, y muchas otras tratan de cerrar los párpados para no verla llorar: en el cuarto, en la sala, por detrás del colchón… Incluso la han escuchado hablando con los recuerdos, aún con la misma tristeza tatuada en el iris, han visto cómo el dolor le saja por dentro cada espacio y cómo el tiempo no calma el desespero de la ausencia. Hay unos ojos tiernos, siempre en vela y con flores a la diestra, que cuelgan de la pared inicial del hogar de Aida Domínguez Sarría.

El retrato de su hijo me hizo detenerme en seco, me fue difícil hablar, mucho más: preguntar. Allí estaba Eusebio Sánchez, allí ha estado desde hace 35 años, desde que Posada Carriles, Orlando Bosch, Freddy Lugo y Hernán Ricardo, tramaron el crimen y colocaran dos bombas en el avión donde venía.

Recuerda lo Aida con un nudo inmenso en la garganta. Cuenta, que desde pequeño fue un niño muy activo, le gustaba bailar, practicar deportes y se vinculó muy temprano a actividades de las organizaciones estudiantiles donde militaba. Un curso de controlador de vuelo, lo habilitó como trabajador del aeropuerto en Cienfuegos, tiempo después, se traslada a La Habana y obtiene un puesto de sobrecargo internacional en Cubana de Aviación.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Injurias


No sólo es el bloqueo o ese pedazo robado en Guantánamo. No sólo es el título de Nobel de la Paz que cuelga en algún lugar del despacho Oval o en la Casa Blanca o en qué se yo dónde. No sólo son esas balas cayendo en los pechos de miles de personas inocentes en el Oriente Medio o que estén armándose hasta los dientes con artefactos nucleares. No sólo es lo revertido y estúpido de su política. Hay más. Mucho más.      

Y es que de lo sublime pasan a lo súper ridículo. Hasta un niño de meses se daría cuenta. Ahora, aquel infausto gobierno también le “pasa la mano” a los terroristas. Y el autor intelectual de la explosión del vuelo cubano en Barbados, va a quedar inmune. Todos lo saben, así que no es necesario el juicio falso, ni los payasos a la entrada del juzgado.

martes, 4 de octubre de 2011

La vida en serio


No volveré a ser joven 
(Jaime Gil de Biedema)

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

 A veces enmudezco. Sé que aún no me crecen los suficiente las alas; apenas se me ven unas plumas en la espalda que no alcanzan ni para jugar con la brisa. Pero, qué puedo hacer.

  He intentado no contar los años, sino vivirlos; besar las bocas correctas, atrapar a los amigos y no sangrar mucho por culpa de los falsos. He intentado hablar sin que se me caigan las palabras; correr tras los sueños sin dejar de despertar; querer, poder, ganar. He intentado salvar los ojos y el alma de los abismos de fuego; sentarme en las tardes bajo la puesta del sol para leer un buen poema, y cocinar algo de vez en cuando.

 

lunes, 3 de octubre de 2011

Dónde

… me perdí del camino y extravié los rumbos, o los confundí.
… empecé a ser diferente, a equivocar las verdades y a hacerle el amor a la mentira durante toda la noche, y en las mañanas.
… giré la cabeza y dejé de escuchar los únicos consejos que necesité en la vida.
… coloqué las discusiones con los amigos, con los amantes, con las madres y las hermanas; las busco desesperadamente para sanarlas, pero apenas veo sombras.
… me escondieron al amor, por dios, solo deseo saber dónde.
… te me ocultas después de las lluvias. Tengo el paraguas roto y la capa agujereada, pero siempre dejo la ventana abierta.
… puse los poemas y aquel libro que olvidé regalarte.
… se me disimulan los niños que no tendré, apenas me dará tiempo a soñarlos.
… están los celos, los agravios, la hipocresía, la falsedad, dime dónde, porque no quiero fallar con las bombas.
… hay luces de colores o cuchillos con formas oblicuas que me desgarren por dentro.
… está mi futuro, el de verdad, no este maldito infierno donde me debato con minotauros y mariposas que me cosen los labios. El de verdad, no estos días de suelos cuarteados y realidades que sangran. No esto, con letras inservibles, y estancias sin flores, y espacios de soledad prolongada. No esta incredulidad del diablo que no me deja correr a otros brazos.
  Dónde está, es que lo estoy esperando, no importa si llega el último día, quiero aguardar por él convencida de que existe. Entonces, la muerte, me sabrá a gloria.