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viernes, 17 de febrero de 2012
Derrumbes
Uno nunca sabe cuándo va a ocurrir un derrumbe. Uno no camina mirando al cielo, ni se fija demasiado en las rajaduras de las paredes, como si no valiera la pena detener el desplome o como si tuviera cosas más importantes de que ocuparse; ¿cuáles? No lo sé, pero uno siempre camina miando hacia el frente –a veces al pasado-, sin escaleras para evacuar, ni cascos para protegerse, tampoco con los números de las ambulancias tatuados en la frente.
¡Hay tantas cosas en la vida que se derrumban!: un castillo de arena (o de naipes), una pirámide, un edificio, un proyecto, una verdad, una mentira, un juego, un matrimonio, una promesa, una montaña, un sueño, un amigo, una vida, el fin; sí, ¡hasta los finales!
lunes, 4 de julio de 2011
Gotas de sangre sobre las lágrimas (+ fotos)
¡Yo quiero romper las jaulas de todas las aves;- que la naturaleza siga su curso majestuoso, el cual el hombre, en vez de mejorar, interrumpe;- que el ave vuele libre en su árbol;- y el siervo salte libre en su bosque;- y el hombre ande libre en la humanidad!-
José Martí
Cierra el viento los ojos en el preciso instante del silencio, y se levantan luces con sabor a horizontes. Corre el agua pura, ondea la bandera que soportó los toques de a degüello, cristalizan los ojos en los minutos de siempre… Luego, se va deteniendo, insoslayable, la frente de aureolas, la frente de la Revolución, la que vio esclavos ahorcados y sufrió callada con la piel entre grilletes, la frente prodigiosa, la única, la eterna.
Entonces uno siente que no le cabe en el pecho tanto sol y tanta grandeza, uno siente ese despertar, esas reverencias; uno siente a la patria corriéndole por las venas y desbordando, en torrente inclaudicable, sobre todos los espacios sagrados. Y uno siente un desplome que le impide caminar. Hay que detenerse en firme y apretar los puños, mirar al cielo, arrodillarse, hay que llorar; porque el Cementerio de Santa Ifigenia se te levanta en medio del tiempo, y te retumba toda la piel. Sí. Lo hace. Y bien fuerte.
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