La tristeza pequeña
(Dulce María Loynaz)
Esta tristeza pequeña
Que podría guardarse en un pañuelo…
Esta tristeza que podría echar
Con las flores marchitas.
Que podría llevársela volando
El viento.
Y que no vuela.
Y que no se echa.
¡Y que no cabe ya en mí toda!...
Esta tristeza pequeña
Que podría guardarse en un pañuelo…
Esta tristeza que podría echar
Con las flores marchitas.
Que podría llevársela volando
El viento.
Y que no vuela.
Y que no se echa.
¡Y que no cabe ya en mí toda!...
Llevo en la muñeca tu pulso, y en mis ojos tus cristales, y en el refrigerador tu vino, y en el cuarto tu imagen… llevo el alma rota, y una paz indecente que me sube por las piernas hasta ahorcarme la sien. Llevo los pesares en un morral y los arrastro por los únicos caminos de piedras y púas; llevo tus recuerdos como lazarillo para cuando la luz se apague, y cada una de tus palabras grabadas como tatuajes que sangran y se hinchan y perduran.
Estás a pesar de las distancias, de los contratiempos y de lo inverosímil. Estás por encima de los aguaceros, de las colillas infernales, y de los hielos que no se derriten. Estás en las huellas, en el ron, en todos los caminos que no condujeron a Roma, que no nos llevaron a la ciudad de luz, ni a la torre, ni al Partenón, ni a la Fontana de Trevi para cumplir los deseos.
