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viernes, 2 de agosto de 2013

El misterio del relojero

Ariel Barreiros. Foto: Kaloian
“...un hombre vale el largo del cordel que ataron desde Dios hasta su pobre espalda, y un hombre son los círculos más grandes que le salgan”.

Ariel Barreiros

Reparaba el tiempo en el silencio de alguna mesa. Aguada de Pasajeros era para él un oasis que negaba la existencia de otros desiertos y mantenía al relojero ocupado en manecillas durante y después de todas las estaciones.

Pero aprendió que ciertos misterios no son tan exactos como los mecanismos que impulsan péndulos, y encontró creaciones capaces de mover también el espacio de maneras diferentes y sonoras.

En 1990 surgieron las primeras canciones, quizá menos precisas, pero como fieles y antiguos jeroglíficos encerraban el enigma de sostener sobre sí la divinidad de una civilización.

Algunos lo catalogan como la voz más tierna de la trova cubana, y no les falta razón; otros, destacan un lirismo inigualable y fuerza poética en sus canciones, y de igual manera aciertan.

Ariel Barreiros es unos de los trovadores cubanos más relevantes, aunque la promoción y presentaciones en escenarios claves digan lo contrario. Es un buen amigo al que conocí, antes en canciones, y luego como el más simple de los mortales.

lunes, 20 de febrero de 2012

SOS (o sms)

El nombre mismo de la canción no prometía demasiado: sms; así que ya estaba predispuesta cuando comencé a escucharla. No estoy diciendo que todos los músicos y/o compositores tengan que escribir letras como las de Sabina, Israel Rojas, Polito, Varela, Frank Delgado, Pablo, Silvio, entre muchísimos más. No, no es eso, porque ya sé que a todo el mundo no le nace de adentro estas cosas: “porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren” o “ya sé que la anarquía es libertad podrida y esbeltas democracias como los bonsai, que hay dictaduras maquilladas de poesías, que la tristeza va drogada de alegría, y en las revoluciones... tiempos que esperar” o “y es que nunca nos dimos cuenta que vivir no es solo ir y venir de vuelta, dime para que sirvieron tantos sueños escondidos tras las puertas” o “déjame repasar tus accidentes detenerme a palpar cada medida humedecer tus ojos y tus fuentes y penetrar al fondo de tu vida”.

Pero tampoco creo haya que hacérsele culto al sin sentido, a la simpleza. No sé cuál será la solución, ni la fórmula para evitar que se propague un estribillo como este: -pero ojala que algo pueda hacerse- "mándame un sms pa ver cómo lo hacemos" (es decir, si el chico no tiene celular queda fuera de competencia). "Te quedaste apaga´o, te quedaste sin luz, y ahora si tú quieres verme, conéctate por bluetooth". Sin palabras.

martes, 6 de diciembre de 2011

Siempre Paz

En la noches suelo acostarme con sus canciones, y entonces ellas saltan del disco y se agarran fuerte a la lamparita de noche y empiezan a dibujarse en las paredes. Se dibujan en todas direcciones y en todos los tamaños, y se pasan un buen rato guiñándome los ojos y riendo a mitad de la oscuridad. Luego, cuando ya el sueño es demasiado, comienzan a caerse, una por una, sobre la sábana y caminan por el colchón profanándome los sentidos.

Por los oídos me entra Tú y yo, por la boca La ventana, rajándome los labios con una violencia tenue, y por el ombligo Tengo, y por los poros Mulata, y por los músculos Bésame y Distancia por las venas y Canciones por las pupilas y por los cabellos Azul... Por eso despierto en las mañanas con las melodías dentro, y con un sabor terrible a él, aunque no lo sepa. Por eso me parece conocerlo de siempre, de los sueños, de las historias compuestas en otras latitudes y meridianos, pero que de repente se hacen tan mías, tan de mi cama y mi cuarto y mis paredes.