“...un hombre vale el largo del cordel que ataron desde Dios hasta su pobre espalda, y un hombre son los círculos más grandes que le salgan”.
Ariel Barreiros
Ariel Barreiros
Reparaba el tiempo en el silencio de alguna mesa. Aguada de Pasajeros era para él un oasis que negaba la existencia de otros desiertos y mantenía al relojero ocupado en manecillas durante y después de todas las estaciones.
Pero aprendió que ciertos misterios no son tan exactos como los mecanismos que impulsan péndulos, y encontró creaciones capaces de mover también el espacio de maneras diferentes y sonoras.
En 1990 surgieron las primeras canciones, quizá menos precisas, pero como fieles y antiguos jeroglíficos encerraban el enigma de sostener sobre sí la divinidad de una civilización.
Algunos lo catalogan como la voz más tierna de la trova cubana, y no les falta razón; otros, destacan un lirismo inigualable y fuerza poética en sus canciones, y de igual manera aciertan.
Ariel Barreiros es unos de los trovadores cubanos más relevantes, aunque la promoción y presentaciones en escenarios claves digan lo contrario. Es un buen amigo al que conocí, antes en canciones, y luego como el más simple de los mortales.


