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viernes, 21 de diciembre de 2012
No termina. Siempre empieza
miércoles, 2 de mayo de 2012
Silvio, la música y el barrio
La llovizna humedeció el pentagrama, una y otra vez, haciendo borrosas las corcheas y las semifusas, y dejando en las pieles un olor extraño que traía recuerdos de otras tierras. Pero nadie se movió de su sitio, no pestañeamos siquiera para sacudirnos las gotas del cuerpo y continuamos tarareando las canciones, abriendo las bocas al viento y mirándolo, sobre todo: mirándolo.
La figura, con guitarra en mano, se sentó a un lado de la bandera, y de repente quedó alumbrada por las pupilas y las luces de la noche. Cuando apareció, rompió un temblor de aplausos y las cabezas se alzaron desde la calle para descubrirlo por debajo de la gorra, entre los espejuelos, para descifrarlo como cualquier otro dios mortal sobre la tarima.
No hicieron falta las presentaciones. Luego sobrevino un silencio y quizá se impacientaron los rostros que él reconocía ajenos. Rompió la melodía, saltaron de las cuerdas los acordes —y de la flauta y del bajo y de la batería y de las otras cuerdas—, se dibujaron en los cuerpos, despacio, al ritmo mismo de las frases. ¡Comenzó el concierto con una sorprendente nube de acordes nublando los sentidos!
lunes, 20 de febrero de 2012
SOS (o sms)
El nombre mismo de la canción no prometía demasiado: sms; así que ya estaba predispuesta cuando comencé a escucharla. No estoy diciendo que todos los músicos y/o compositores tengan que escribir letras como las de Sabina, Israel Rojas, Polito, Varela, Frank Delgado, Pablo, Silvio, entre muchísimos más. No, no es eso, porque ya sé que a todo el mundo no le nace de adentro estas cosas: “porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren” o “ya sé que la anarquía es libertad podrida y esbeltas democracias como los bonsai, que hay dictaduras maquilladas de poesías, que la tristeza va drogada de alegría, y en las revoluciones... tiempos que esperar” o “y es que nunca nos dimos cuenta que vivir no es solo ir y venir de vuelta, dime para que sirvieron tantos sueños escondidos tras las puertas” o “déjame repasar tus accidentes detenerme a palpar cada medida humedecer tus ojos y tus fuentes y penetrar al fondo de tu vida”.
Pero tampoco creo haya que hacérsele culto al sin sentido, a la simpleza. No sé cuál será la solución, ni la fórmula para evitar que se propague un estribillo como este: -pero ojala que algo pueda hacerse- "mándame un sms pa ver cómo lo hacemos" (es decir, si el chico no tiene celular queda fuera de competencia). "Te quedaste apaga´o, te quedaste sin luz, y ahora si tú quieres verme, conéctate por bluetooth". Sin palabras.
Pero tampoco creo haya que hacérsele culto al sin sentido, a la simpleza. No sé cuál será la solución, ni la fórmula para evitar que se propague un estribillo como este: -pero ojala que algo pueda hacerse- "mándame un sms pa ver cómo lo hacemos" (es decir, si el chico no tiene celular queda fuera de competencia). "Te quedaste apaga´o, te quedaste sin luz, y ahora si tú quieres verme, conéctate por bluetooth". Sin palabras.
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