Es difícil enseñarle a un niño ciertos códigos y comportamientos vitales, éticos y razonables, mucho más cuando es pequeño y solo quiere desafiar en todo cuanto pueda; mucho más cuando la comprensión, por el nivel etario, es más ardua, y la paciencia se te escurre entre las manos como si fuese agua; mucho más cuando el contexto social dibuja todo lo contrario al lienzo que tú pretendes mostrarle como auténtico.
Ahora, cuando voy por la calle, observo a los jóvenes detenidamente, escucho sus conversaciones, me imagino…El otro día, en la guagua, dos adolescentes se citaban para ir juntas al malecón y conectarse a la wifi, dos adolescentes que no sobrepasarían los 15 años, dos adolescentes que, por supuesto, no trabajan ni deberían tener la solvencia económica para costearse el aparato para la conexión, la cuenta y los CUC según el tiempo de navegación, dos adolescentes cuyos progenitores, probablemente, han hecho cualquier sacrificio global para garantizarle esos placeres, porque está claro que en la Cuba de hoy las necesidades están en otros sitios, como en la cocina, por ejemplo.