No rías mucho, porque entonces no puedo atender bien a la clase y me figuro estrellándome en tu boca, con tus dientes, con tu lengua. Se me pierde la pizarra, eso de los productos, las divisiones o los sustantivos y los complementos directos, no lo comprendo. Entonces empiezan a saltar las metáforas (o las ecuaciones) y se te posan en los labios, ¡y yo que siempre he tenido hambre de metáforas! No me hagas eso, al menos en clases, no sonrías.
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miércoles, 25 de enero de 2012
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No rías mucho, porque entonces no puedo atender bien a la clase y me figuro estrellándome en tu boca, con tus dientes, con tu lengua. Se me pierde la pizarra, eso de los productos, las divisiones o los sustantivos y los complementos directos, no lo comprendo. Entonces empiezan a saltar las metáforas (o las ecuaciones) y se te posan en los labios, ¡y yo que siempre he tenido hambre de metáforas! No me hagas eso, al menos en clases, no sonrías.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
En su boca
Lo besó hasta robarle las entrañas. Le abrió la boca y se metió dentro; primero el rostro, luego las manos y el pubis y las piernas y el alma. Le abrió la boca a mitad de la cama, sin piedad, sin preguntas; le abrió la boca con fuerza, tiró de los labios como si fuesen cuerdas de un muelle que pende, los mordió, los succionó con una presión terrible. Después le estrujó los dientes, los obligó a colisionar, en desespero, unos con otros, y a perderse entre la garganta y el cielo y la encía. Al final, liberó a la lengua, que cual serpiente hambrienta penetró en busca de la presa. Penetró, intrusa, bojeando todos los espacios: a la izquierda, y por encima y al centro. Salió acariciando las huellas, dejando una humedad exquisita, y con una satisfacción plena cual usurpador de gobiernos.
¡Ah!, ¡esa boca!, no pudo dejarla ni en sueños, ni después de esas realidades tan ajenas. No pudo, siquiera, no pensarla, pues se le incrustó en la piel sin que apenas se diera cuenta.
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