martes, 7 de junio de 2016

Una paz rara que ahora controlo

Despertar los inconstantes soles que no alumbraron, es cierto, provoca una paz rara que ahora controlo. La nada indefinida borró durante siglos nuestras siluetas, como si algo en la vida importara más que la mirada primera. Los gritos de luciérnagas desnudándonos en la sala, tu sonrisa como eco y esa forma aún no descubierta de acertar después de las caricias. El impulso dulce hacia el sillón mientras aleteaban desesperados los animales en el patio y un sonido de agua distraído enmudecía las pausas del viento. Jugamos a niños buenos, como de círculos con pistola y camioncito de madera y nos dimos besitos tímidos en fantásticos lugares que mutaron hacia indistintos parajes de la realidad. Niños sin ropas jugando a las escondidas, a los encuentros con otros paraguas en montañas tan ajenas como las lluvias de julio y luego cerrando el paraguas para capturar en tan diminuto espacio la insensatez de todas las cosas.


martes, 3 de mayo de 2016

Los pescadores de la bahía

Las manchas en el agua sobreviven a las corrientes leves. Son improvisados barcos, descuidados botes, construidos con esfuerzo, aunque apenas se nota, rellenos de poliespuma en las paredes y los pisos, y unos remos, que no son tales, golpean la masa acuosa creando ondas o figuras que desaparecen al instante; no logran avanzar o mantener el rumbo con precisión, pero al menos les permiten, a los hombres de adentro, flotar.
Los hombres de adentro se envuelven en trajes y gorras para despojarse del sol, y se empujan sobre cualquier punto de la bahía en busca del premio. Tiran los anzuelos, quizá como los tirara el viejo pescador de Hemingway, con esperanza pero desesperados y aguardan por que pique un ejemplar.
Nada más inaguantable, imagino: soportar el repiqueteo de los rayos solares sobre los hombros y dejarse balancear por el compás tedioso de la corriente y esperar y esperar… Imagino, con más fuerza, lo paradójico de vivir en una ciudad rodeada de agua, en un país rodeado de agua, y que los productos marinos para el consumo familiar sean tan difíciles/caros de conseguir. Hay quienes, violando las elementales normas marineras, prefieren atraparlos en su natural entorno, que quiere decir: gratis entorno.

lunes, 28 de marzo de 2016

Cienfuegos, la feria y los agujeros en el bote

Bastó una mirada general y rápida para notar la superioridad cualitativa de la Feria del Libro 2016 en la Perla del Sur con respecto a la del año anterior. Varios detalles —importantes en su contexto— incidieron en que el éxito no fuera más abarcador, y creo vale la pena mencionarlos (para juntos hallar la mejor manera de organizar una actividad literaria tan importante para el presente y futuro de la cultura) no sin antes hacer notar el esfuerzo que esta vez se hizo en la provincia para lograr una fiesta de las letras mucho más decente.
Parece no existir arma que combata la orfandad de público —entiéndase: consumidor literario y no los propios creadores, o trabajadores de instituciones culturales, muchas veces empujados para llenar espacios vacíos— en los programas colaterales (paneles, homenajes, presentaciones, etc.) de estos eventos. La dificultad promocional en este caso es grave y atraviesa un prisma de factores colindantes hasta introducirse en un vacío de conocimiento —o de necesidad de conocimiento— que a largo plazo podría traer consecuencias muy negativas en el destino del país.

martes, 15 de marzo de 2016

El álbum de mi familia no es otro libro cualquiera



El álbum de mi familia no es otro libro cualquiera de brujos y brujas. No es la fantasía heroica, y alta fantasía, que recrea la típica historia de amor y la intervención de un brujo malvado, con dragones y fuego, en estos propósitos; no es la rendición del mal, burda y repetidamente contada. Se trata de un cuaderno pensado como sistema desde un inicio, donde el argumento fluye, como el hilo de Ariadna, sin detenerse; se trata de una historia potable, no por sencilla menos profunda o menos sagaz, no por tener un lenguaje llano y huérfano de metáforas, menos compleja y menos abarcadora. Se trata de un libro que, ante todo, siente, y eso es una ganancia insoslayable, el debido respeto por el lector infantil. Sabe que no es un consumidor tonto y que su inteligencia y razonamientos ante el cuento son impensables, por eso va construyendo, con cuidado, una especie de ciudadela donde coloca los engranajes y revela personajes para incentivar al pensamiento y estimular una preocupación por el mensaje. Es la acción, junto al álbum familiar (entendido como objeto), el protagonista verdadero de este libro, porque en ella se concentran las inflexiones más altas, pero también los espacios de reposo, allí están los cambios fundamentales y los desenlaces, que son numerosos durante el transcurso de la lectura.