jueves, 29 de diciembre de 2011

Inventario


1. Las hojas terminaron corriendo del lado de los vientos y nosotros sentados en un camino cualquiera, viviendo una vida cualquiera; había relámpagos y cauces de ríos con ballenas y árboles azules con frutos en verde, había gallinas cacareando las verdades y piedras que venían a rompernos los sentidos para que despertáramos del letargo. Y nosotros allí, desde los tiempos de nadie, esperando yo las tormentas, esperando tú los porqués.

2. Sufrí los silencios de todos esos bosques, se me ahuecó la piel por las sombras que me entraron por el talón del pie. Lloré junto a las raíces y ellas crecieron y ellas hablaron y ellas murieron. El peñasco continuó detrás de mi figura, amenazándome después del sueño.

3. Conocí flores nuevas en el camino, flores con almas, flores enormes que me invitaron a bailar toda la noche, y bailé y me cubrí el frío de la madrugada con sus pétalos y hasta las comí: nunca antes había comido flores.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Sin tiempo

Foto: Ismael Francisco
Si te quedaras sin tiempo. Si la vida se te acabara aquí, ahora, sin explicaciones ni oportunidades. Si llegara el fin, la cuenta regresiva de un minuto pálido, serio, débil… Si no te alcanzara el momento para gritar lo que nunca dijiste, para abrir las puertas que por temor mantuviste cerradas y arrancarles las bisagras a mordidas y entrar y ver y ser, tú, de verdad. Si cayera la nada sobre ti con un espantoso sabor a no me olvides, ¿qué harías?, ¿qué harías con esos sesenta segundos? A mí me encantaría gastármelos besándote.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Diciembre

 
“A veces, en raros / instantes, se abre, talud / real y enorme, el tiempo / transcurrido…”

Fina García Marruz

Si te asomas en la ventana antes que amanezca (el último día de este mes), verás caer los años, finos, como gotas de lluvia. Descenderán de las casas, de las azoteas, de los garajes sin dueños, de las sonrisas de los niños de aquel parque, del pelo en blanco y negro de la abuela, de los paisajes y de las hojas amarillas de los árboles. Ocurrirá puntual el milagro, siempre lo hace, Diciembre tiene esa capacidad absoluta de sacudir la vida y llevarse el tiempo. Dicen que lo carga en un baúl enorme y que luego lo arrastra por algún arcoíris o lo esparce en los mares o lo pinta en el cielo.

Diciembre es un viejito dulce, sentado en un sillón la mayoría de los meses, o recostado en las puertas de algunas casas, sin que nadie lo vea, durante los otros. De barba larga donde acumula historias pasadas, como aquella de cuando te disgustaste o la tarde donde se cumplieron todos tus sueños; allí guarda tus recuerdos y los vigila cual celoso guardián con lanza y escudo en las manos. Y si alguna vez no has podido recordar con facilidad, es que él estaba durmiendo, o molesto, porque a veces le arrojan las historias sin avisar y le golpean bien fuerte en la nuca.

Hace algunos años se volvió remolón, eso de esperar tanto también lo desespera, entonces piensa que su vida hubiese sido mejor llamándose Enero, o Marzo o Abril, e intenta escalar el calendario, pero siempre cae (ya sea por el calor excesivo al que no se acostumbra o porque algún día lo empuja de buena gana), una y otra vez, en el suelo que lleva su nombre. A diciembre también le ha costado trabajo darse cuenta que todos somos especiales y que uno debe aprender a aguardar su momento, y que el momento de uno siempre llega, más tarde o más temprano.

viernes, 23 de diciembre de 2011

En un café

Edward Hopper  
Me gustaría conocerte en un café, estar sentada de espaldas a la puerta, entonces tú entrarás, de blanco, con una pequeña mancha en la camisa que te habrás hecho al chocar con el arcoíris esa mañana, blancos también los zapatos, pero el pantalón mejor que sea gris, un gris oscuro. Entrarás mientras yo lea el poema preferido de mi autor preferido, y aún sin verlo repetirás las estrofas, algo así: “te escribiré en las paredes, en la luz, en un cuadrante, será un libro itinerante, rupestre con muchas sedes, te escribiré en polvo, en redes, en agua, en un dinamo, en un litro, un mol, un gramo…”. Yo te miraré entre las letras y tú, como sin quererlo y queriendo, me invitarás a otro café, y yo diré que no, que ya tomé uno, pero tú insistirás e insistirás e insistirás... Nos iremos a un parque, no muy lejos, apenas unas tres cuadras, y allí alzaremos las tazas, brindaremos, me tomarás de la mano y diremos, tal vez, si no hace mucho calor, otra docena de poemas, y me voy a reír tanto contigo, voy a ser tan feliz contigo, que no me cabrán dudas de que debo conocerte en un café, tengo que hacerlo.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Vino el mar a robarnos

Foto: Gabriel Davalos

Vino el mar a robarnos cientos de veces. En las mañanas, trajo olas dulces que nos dejaron granos de azúcar en el pelo, y después las volcamos en el café, riéndonos, en las tardes, y el mar sin saber cómo nos tragábamos su azul, y el mar sin saber cuánto bien nos hacía en el cuerpo sus locuras. Trajo crestas salobres, en las noches, pero ya habíamos aprendido a querernos demasiado, a no detener la danza por ningún temporal, todo ese tiempo, habíamos aprendido a ser eternamente nuestros y del baile.

Entonces tus pies rajaron el viento y mi mano tocó, por primera vez, el vacío, y se nos sajaron los pechos de tanto abrirnos al ladrón de nuestras intimidades, y seguimos bailando, al compás de no sé cuál música, pero juntos, pero bailando, y yo sosteniéndote despacio encima de mis miedos y tu arqueada como la luna antes de dormir, y nosotros de pie, al mar, a ese mismo mar que vino a robarnos cientos de veces y que aún grita celoso por no haber aprendido, ni siquiera, a imitarnos.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Duelo


"Éramos tan amantes que a veces éramos amigos. O éramos tan amigos que a veces nos amábamos. Para añadir un nuevo anillo a nuestra unión, decidimos batirnos. Fuimos a escoger las armas: dos espadas iguales en tamaño y temple. Nos preparamos desde el alba. Ajustados lorigas y yelmos, montamos a caballo y nos pusimos frente a frente. Así estamos todavía. Sin tiempo, encarnizados, inexorables, tratando de vencer de un tajo y para siempre al otro"(Arrufat)

... así estamos, mirándonos, como si nada más importase sino mirarnos, calcularnos, cuidar porque ninguno dé el siguiente paso. Así estamos, tú empuñas la espada con una confianza terrible, y yo apenas la sostengo a mitad del brazo; y tú mirándome con unos ojos que no conozco, que jamás he visto, que no me dan confianza, tú mirándome como si fueras a derrotarme con las pupilas. Así estamos, el abismo enfrente, el sol quemándonos, la luna pintándonos de estrellas y de cometas, la luna jugando con nosotros como si fuésemos dos muñecos perdidos de la casa de algún niño.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Convencerte

Puesta de sol - Claude Monet
No les cuentes. No van a creernos, ni siquiera los testigos. No les cuentes, sabes que es mejor. No lo hagas. Mira, entiéndelo, no seas caprichoso, no insistas, ya te expliqué. ¿Y eso qué importa?, chuuu, no seas bobo, qué más da, eso no nos hace falta, sabes que aprendimos a vivir solo de pedazos robados del arcoíris. Tú verás que no es necesario. Es que, no se lo podemos decir.

A ver: cómo vas a explicarles (y que ellos entiendan) que ayer, sin querer, tropezaste con la esquinita de la Luna que dejé en la sala, y te tragaste al Sol, de un bocado, cuando se estaba poniendo. Cómo vas a explicarles que los dejaste a oscuras para siempre, y que tu estómago es una bola de fuego que nos ilumina solo la casa. Ya ves, te dije que no les contaras, extrañamente nos entenderían.

martes, 13 de diciembre de 2011

Un amigo


Un amigo, de esos que uno conoce antes en algún sueño, tiene los ojos tristes. Entonces no me gusta mirarle a la cara porque no puedo espantar ese color gris de sus pupilas. Mi amigo, cuando levantó la almohada esta mañana, las malas noticias le saltaron al cuello, y no pudo, ni siquiera, esquivarlas. Lo esperaban después del sueño. Yo le propuse que, juntos, sonriamos tanto hasta reventarles los tímpanos, que nos pongamos caricias en el cuello para que resbalen y se marchen a otro sitio, que hagamos naufragar a las malas intenciones, porque nosotros no tenemos sitio para ellas y que pintemos dibujos alegres y corazones y colores. Voy directo a decírselo. No quiero que se le marque la piel a causa de esas pesadillas.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Confesiones

Te quiero, así, en dos palabras y sin adjetivos. Creo que nunca nos ha hecho mucha falta los adjetivos, o los gerundios, en realidad nos basta con unos cuantos verbos y algún que otro pronombre. ¿No es cierto? ¿Recuerdas cuando te encontré?, mis letras chocaron contra tus manos de repente y tú me lanzaste sustantivos a los pies, y me tumbaste, jajajajja, y me di bien duro en la rodilla, oíste, estuve días cojeando. Y después me ataste a la nube de tus ideas hasta que por fin fui libre. Cualquiera diría que fue absurdo, pero aquella mañana fue la más sintáctica de mi vida.

Después sobrevivimos a mareas de faltas de ortografías y a decenas de puntos mal puestos, pero los verbos nos siguieron salvando, sin dudas, fueron los verbos, los verbos y tú, claro está. Por eso te preparé la cena sin muchos aderezos, los justos para cosernos los estómagos y continuar sin pausas. Es todo lo que necesito a estas horas, a todas, porque ya aprendí a quererte sin adjetivos, y no creo que pueda dejar de hacerlo.

martes, 6 de diciembre de 2011

Siempre Paz

En la noches suelo acostarme con sus canciones, y entonces ellas saltan del disco y se agarran fuerte a la lamparita de noche y empiezan a dibujarse en las paredes. Se dibujan en todas direcciones y en todos los tamaños, y se pasan un buen rato guiñándome los ojos y riendo a mitad de la oscuridad. Luego, cuando ya el sueño es demasiado, comienzan a caerse, una por una, sobre la sábana y caminan por el colchón profanándome los sentidos.

Por los oídos me entra Tú y yo, por la boca La ventana, rajándome los labios con una violencia tenue, y por el ombligo Tengo, y por los poros Mulata, y por los músculos Bésame y Distancia por las venas y Canciones por las pupilas y por los cabellos Azul... Por eso despierto en las mañanas con las melodías dentro, y con un sabor terrible a él, aunque no lo sepa. Por eso me parece conocerlo de siempre, de los sueños, de las historias compuestas en otras latitudes y meridianos, pero que de repente se hacen tan mías, tan de mi cama y mi cuarto y mis paredes.


viernes, 2 de diciembre de 2011

Creer


Después de todos estos años jugando a ser de otros, jugando, claro está, a ciencia cierta creo que nunca he sido de nadie, después de eso, ayer se me estrellaron unas cuantas mariposas en la cara. Nunca he sido de nadie, ni siquiera en las tardes cuando el sol lo abandona todo, o por las mañanas, cuando las mentiras duermen sobre el colchón.

Y uno cree haber encontrado el camino, y de repente se te revuelven los ojos y se te tuercen los pies, y apareces sentada justo en el medio del vacío, con ropas extrañas y con un rostro que no es el tuyo. Y entonces gritas, fuerte, tan fuerte que se te rompen los tímpanos, gritas aunque nadie te escuche, aunque no lo hagan nunca; es que después de tantos amaneceres sin sol y unos cuantos besos sin labios, uno descubre cuántas piezas rotas tiene sobre el cuerpo.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Detrás

Allí estuvo, sin apenas levantar el brazo, sin apenas voltear, sin apenas mirarme... y yo imaginando todo el tiempo que me quería, yo imaginando todo el tiempo que eran verdades sus labios y que no eran de papel sus palabras. Yo en aquel banco, y él en otro. Yo sola con su mano ausente, él con la mía a rastros, a picotazos; se la llevó desde aquella mañana cuando nos detuvimos por cansancio, se la llevó sin permisos, y ahora ando yo sin dedos por este mundo.

Ando yo así, como ahora, sentada al pie de los árboles, desahuciada por unos cuantos roedores que insisten en comerse nuestra historia, y por un submarino amarillo renaciendo en medio de la acera. Ando yo como sin rumbo, pero con rumbo, como sin pies, pero caminando.


martes, 29 de noviembre de 2011

El Costillar bien adentro

Fue como si nos hubiesen exprimido los ojos, los de todos a la vez, con una fuerza capaz de inundar al aula. Y hasta nos subimos en los pupitres para no empaparnos los pies de lágrimas y los pantalones, y las pieles. Nos subimos con la esperanza de poder quedarnos pegados, porque nunca las despedidas han sido cosas fáciles, ni de minutos, o madrugadas sin dormir para que no llegara el sol.

Las despedidas unos las atrasa, las demora, las mima para que no se porten mal, y hasta les da palmaditas en las noches, porque si duermen bien, es posible que despierten tarde y uno no tenga que decir adiós tan pronto. Eso hicimos todos, aquella noche, sentados sobre el piso de la Avenida de los Presidentes, rogando porque el amanecer tropezara de buena gana, y se torciera un tobillo.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Entre minutos

Es tarde, o demasiado temprano: la 1:15 a.m. y aún no aparece el sueño, se perdió, quién sabe dónde o por qué. Estoy lejos: dentro del Costillar de Rocinante, que relincha y se retuerce y de a ratos sale a cabalgar en la luna, a bailar con princesas perdidas y a destruir molinos de estrellas. Luego caen las lanzas en el portal, hacen ruido, pero ya no me asusto, después llega Don Quijote, me hace una seña discreta y se recuesta sobre Sancho a dormir Dulcineamente.

Pero todo sigue oscuro, en silencio, y a esta hora regresan los pensamientos prohibidos, y miro al lado y no hay nadie, está vacío, no estás, y continúan corriendo los minutos por una autopista sin regreso, indetenibles, corren rápido y chocan y se extravían y se mueren. Pasan las horas, el tiempo... se me pasa bastante aquí.

Lo único bueno es que cada vez estoy más cerca del sol, y que en algún otro lugar de la Mancha, de cuyo nombre siempre querré acordarme, duerme un caballero en los bajos de mi ventana. 1:50 a.m.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Receta

1. Súbeme a la mesa.
2. Tira los cuchillos, rompe los platos, aparta el mantel y sírveme sobre la fuente.
3. Tápame los ojos, recórtame el pelo y destrózame la ropa.
4. Envuélveme en aliños y sal de apio, corta algunas cebollas alrededor.

Modo de preparación

Esperar unos segundos. Cuando las venas sepan a vinagre y aceite; cuando mi carne esté dorada y abierta: bríncame encima, cabálgame, muérdeme toda, y con los dientes despójame de mí.

Da para 1 sola ración.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Sueños

A la entrada de los sueños permanece inerte la estatua. Está construida con pedazos de nosotros, con realidades de nosotros y con imágenes de nosotros. Las pesadillas la azotan madrugadas enteras, pero ella sabe defenderse, y entonces abre las alas donde guarda la nube en que nos besamos, y levanta el brazo tatuado con aquel jardín de soles y mariposas y centellas; se abre toda para tragarse a los malos sueños de un bocado. No siempre lo consigue, es cierto, hay veces que sucumbe... pero gracias a ella, aún tú y yo, estamos vivos.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Esperarte

Estás lejos. Otra vez. No veo tus señas, ni el camino de hielo donde dejamos un mensaje para nuestros hijos. Te vas siempre. A todas horas, y a veces ni el permiso me basta para entenderlo. Te vas y punto, o comas, o signos de interrogación, o hipérboles. Te vas lejos. Aún más lejos que ayer, y ahora, en la distancia, también hemos aprendido a ser nosotros, y nos extrañamos terriblemente, tanto, que me duelen hasta los pensamientos. Pero te vas. Ya me figuro el sabor del adiós, y sé de memoria aquel dibujo en sepia que abandonas sobre mi cama.

Aún así, no entiendo por qué siempre te espero.
 

domingo, 13 de noviembre de 2011

Señor

Cuando despierta ya tiene los ojos abiertos, se levanta de la cama de la misma forma que siempre lo hace, sin cambiar nada, colocando el mismo pie en la misma losa y dando los mismos pasos hasta llegar al baño. Se lava la cara, siempre mejor el lado izquierdo que el derecho, se viste, con la misma ropa, aunque nadie lo note, y sale a la misma calle y toma el mismo camino.

Siempre va al mismo lugar porque si se resiste, se le revientan los pies y se le tuercen las venas y se le acaba el aire; si se resiste, se le apaga el sol y vienen las sombras a picotearle la espalda, a torturalo con las verdades que piensa podrá enfrentar; pero él mismo no cree, ni creerá. Su paisaje no cambia de color porque no puede levantar el pincel, o no quiere; porque ya se acostumbró y la comodidad visual le garantiza un poco de paz.

Y si algún día su realidad cambiara, y todo se pinta de verde o de rojo, es poco probable que no extrañe a los demás... la vida misma se lo demostró millones de veces. Por eso despierta con los ojos abiertos, y antes de acostarse, ya los tiene cerrados.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Donde acaba todo


Es de tarde y el viento me quita la ropa frente a todos y juega con mi pelo y me da palmaditas en los hombros. Hay un señor sentado en el muro pescando sueños, pero el mar está bravo y choca contra los límites de la ciudad y la viola y humedece las aceras y las calles. Pero el señor continúa de pie, con el anzuelo inventado en la mano y la carnada en el agua, porque sabe que si se queda otro rato es posible cambiar su vida y porque de nada vale rendirse frente al muro.

Yo quise quedarme, me vendría bien atrapar alguno, pequeño, un tanto más esperanzador, qué más da, no importa, ya no me importa, sino pescarlo. Entonces me arrancaría un lado del corazón, el derecho, para colocarlo en el anzuelo y esperar a que piquen, a que me lo coman, que se lo traguen y lo mastiquen, lo saboreen y lo degusten... esperar entre las madrugadas procurando que el salitre no me tumbe la piel.


lunes, 7 de noviembre de 2011

Aquí

No escampa, cuando uno quiere no escampa. Y se me empapó la piel de repente mientras corrí, mientras mis pies buscaron los tuyos. Hoy le salieron ojos a la avenida y había gente que no reconozco pasando como locos y ruidos extraños y semáforos riendo en la esquina.

Y yo que salí sin la ropa, y yo que casi me ahogo sobre el muro del malecón, y yo que esperé la tarde para verte, y yo que ahora escribo cosas como estas, sin sentido, sin orden, sin lógica, a esta hora, que es tarde, muy tarde para estar escribiendo cosas como estas, para estar riendo sola frente a la computadora, que no me conoce, que ya me preguntó mi nombre y no le respondí, pensará que estoy loca, que vengo de otro cometa. Pero no, estoy lúcida, al menos eso me invento…; lo que pasa es que yo también tengo las manos mojadas.

viernes, 4 de noviembre de 2011

En el párrafo

Me senté sobre el punto final del párrafo, como esperando otras palabras, pero no aparecieron. Estaba sola después de las ideas, de las comas y de otros puntos suspensivos. Y vino un temblor de sustantivos que me tumbó sobre el papel en blanco. Allí estoy, hace un buen tiempo, con frío, con hambre, con miedo… esperando, terriblemente esperando a que alguien venga, con sus dedos llenos de tinta, a escribirme las letras encima.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Mañana

Le besó la mano con toda la pasión de adentro, despacio, como si fuese el último beso del planeta. Dejó los labios prendidos en su muñeca, tan fuerte que ni las borrascas ni las mentiras ni las palabras no dichas pudieron borrarlo. Ahora lo lleva como lazarillo, porque sabe que, tal vez mañana, cuando el mundo se acabe otra vez, la única salvación nacerá desde su piel.

martes, 1 de noviembre de 2011

Tú y yo

… apenas tenemos pausas, y todo se nos revuelve al viento, a la música, a las noches sin Luna y sin estrellas. Y nos fuimos perdiendo, sin querer, en esos arbustos de los parques, en las fuentes escondidas tras los libros de poemas; nos perdimos y bajo el brazo nos llevamos los senderos, todos. No regresaremos, ni antes, ni después. Estaremos para siempre en esas islas de soledades, donde nos comeremos los labios cuando tengamos hambre, y luego los hombros, los pechos, las piernas…

Nos veo a la orilla, en la arena, en las olas, aunque nos faltan bastantes pedazos del cuerpo. Nos veo, al menos, con la sonrisa.

lunes, 31 de octubre de 2011

El hombre del cinto

Ilustración: Paolo
La reacción fue inmediata. Lo admito: lo miré desde la portañuela hasta la empuñadura del cinto. De manera incisiva. Clavando mis ojos en una zona demasiado atrevida para hacerlo en público. No desvié la vista. No pude. Mis pupilas, y las pestañas, y el iris, y la cabeza, lo siguieron en el corto plazo en que pasó por mi lado.

Lo miré sin permisos y sin pausas, recorrí todo el ciper y descansé sobre la imagen que lucía debajo del ombligo robándole buena parte de la geografía dérmica. Finalmente, no alcancé a verle el rostro, mi atención no se desvió, por eso no sé quién fue la víctima de la ferocidad de mi vista.

Solo que era hombre y que llevaba una figura pegada en la hebilla del cinto. Exhibía a un señor con la mano en alto, detrás, un paisaje poco esperanzador. La imagen era bastante llamativa y digerible para quien se cruzara con ella. Lucía, a la altura de las caderas, al presidente Barack Obama y la Casa Blanca. Lo paseaba con orgullo por el bulevar, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, quién sabe desde cuando.

jueves, 27 de octubre de 2011

Una nube

Foto: Ismael Francisco

Siento que me está naciendo una nube de adentro. Me está saliendo por el iris, y entre los poros, y por debajo de la falda. Una nube inmensa que me pinta de blanco en medio de la calle, y cuando no lo espero me hace flotar por encima de la ciudad, y chocar con otras, y llorar desesperadamente. Es una nube malcriada, impulsiva, celosa…, una nube casi loca y en arrebato.

Me está naciendo dentro, ¿escuchas los gritos?

miércoles, 26 de octubre de 2011

La piedra

Salió arrastrando la piedra. La calle estaba desierta, y un búho la miraba desde el semáforo en verde. La soga le apretaba la muñeca, pero debía llegar a tiempo a la hora del suicidio. Faltaban 15 minutos. Apretó el paso, sufrió en silencio las llagas, y atravesó la ciudad como poseída por algunos de los fantasmas con los que combatió la noche anterior. El peñasco se abrió ante ella como piernas de mujer. Se colocó al borde, lanzó primero la piedra, y esperó paciente que la cuerda tensionara.

Fueron horas aguardando la muerte, solo que por una extraña razón, la piedra se quedó levitando en el vacío. 

lunes, 24 de octubre de 2011

Círculos

Hace círculos en la pared, círculos y más círculos, como si todo en la vida fuera redondo. Círculos en blanco y negro, círculos de colores, más pequeños y más grandes. Círculos que le tapan la cabeza, camas de círculos, libros de círculos, hombres de círculos.
 
No abre los ojos mientras pinta círculos por toda la casa. Sabe de memoria los rincones y no le molestan las telarañas que hace siglos no sacude. Sigue adelante con dos círculos en rojo sobre las pupilas, no se detiene, ni se calma en esa manía constante de rayar las paredes siempre de la misma forma.

Pero no se aventura a traspasar el umbral. Solo da vueltas en círculos dentro de la casa, volviendo a pintar círculos donde ya estaban otros círculos. Y las esquinas ya se tornaron oblicuas, y la armazón de cabillas y cemento también.

Y ella que aún no abre los ojos, no lo ha hecho nunca, no lo hará nunca. Al final del día, solo, sola, se desvanece como un círculo en el centro mismo de la sala.

jueves, 20 de octubre de 2011

Mi caballero

No estoy soñando, llegas con los pies en las bridas, mientras la frente se te ilumina de un sabor a violetas que recuerdo en imágenes. Vienes en tu corcel, ligero, y con tus pasos van floreciendo todas las rosas del jardín. Tienes sueño, no has comido, tardaste siglos en descubrir esta puerta donde siempre te esperé, y por detrás del hombro llevas la marca eterna de la muerte.

Mi valiente caballero de lanzas y molinos, mi señor de poemas en las venas y espinas en el pecho, mi pequeño de sueños gigantes, ni cierres los ojos, quiero tragarme el infierno para que jamás te torturen con fuego. Tú eres la renovación de esta Era, y ante tu figura se rinden todas las borrascas.

Toma ya mi vientre inerte, las hilachas del vestido que no se cansó de llorarte, los cabellos, los labios, las manos; tómame toda en la nueva dicha de ser, otra vez, de mentira. Abre el rumbo con tus pupilas y desvanezcámonos al viento. Pronto, por favor, que se me está cayendo el cuerpo.

lunes, 17 de octubre de 2011

Humedades


No solo fue que no estuvieras o que tu nombre diera vueltas en la casa como un tornado, y que me revolviera las sábanas y los papeles… no solo fue eso. Es que estos dos días fueron grises, muy grises: no salió el sol, hacía frío y la soledad me cristalizó hasta el pensamiento; llovió, llovió sin permisos, sin pausas, y todas las paredes del cuarto, todas, lloraron sin detenerse, y las lágrimas alcanzaron la cama, y subieron desesperadamente para humedecerme las fuentes.

viernes, 14 de octubre de 2011

La isla y ella


Con el último recuerdo construyó una botella. Era azul, oscura, y cuando mirabas a trasluz le sudaban lágrimas. Alta, delgada, con un cuerpo bien delineado, y muy coqueta. No tenía sellos, ni etiquetas, ni marcas en el resto de la piel.


Ella la tomó bien firme. Hacía mucho tiempo que estaba sola, y ya el agua le corría entre las venas. El pelo eran algas puras, color verde y rojo, y las escamas no tardarían en aparecer.

Por eso se enterró en la arena, y con el último rayo de sol lanzó la botella azul de sus recuerdos lo más lejos que pudo; luego se le cerraron los ojos.

Allí esperaría paciente el día de su salvación, solo que olvidó colocar el mensaje dentro.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Perder la virginidad

Lo había decidido: esta noche perdería la virginidad. Pero dónde, cómo tirarla porque sí en algún rincón y no ir a visitarla ni los domingos; en cuál lugar, en compañía de quién. ¿Y si no sirve de mucho perderla? Nadie anda por ahí extraviando cosas. No lo sé.

Dice Rebeca que perder la virginidad duele. Claro, le dije, ¡qué tonta Rebeca!, ¿ella nunca habrá perdido algo? También me contó que a una le sale sangre. Verdad que es complicado todo esto. ¿Le sale sangre a una?, y ¿por dónde? Yo no sé de dónde Rebeca saca tantas historias. Ayer me llamó para decirme que debo buscar a alguien con quien perderla, del sexo opuesto, me gritó por teléfono y colgó.

Debo ir a la farmacia y buscar algo útil para protegerme, eso también me lo advirtió Rebeca. Un guante, una gasa… ¿qué podrá servir? Tampoco sé si decirle a mamá y papá, una vez me castigaron por perder la libreta de matemáticas de mi hermano, di tú ahora qué se trata de la virginidad. Deja ver si encuentro al orgasmo ese, dice Rebeca que debo buscarlo en todo momento. Ya ni sé bien el orden de las cosas: perderla, protegerme, sangre y orgasmo; o: sangre, protegerme, orgasmo y perderla… ¡uf!, qué se yo.


martes, 11 de octubre de 2011

Giro


Has cambiado y lo sabes. Apenas fueron unos días, pero despertamos sin ánimos. Las señales cayeron sobre el asfalto, mientras tú volteabas la cara, y las manos. Ni siquiera dejaste las luces del alba, y ahora veo sombras que se me atraviesan en la garganta. Se esfumaron tus palabras, tus horarios y tus misas, los regaños, los celos, los discursos, el papel, las cenizas, los porqués… y fuimos cayendo en el abismo del pasado. No te encontraré mañana, ni en los cristales de esas voces que asustan, estás para siempre lejos de lo mucho de ti que soy.

viernes, 7 de octubre de 2011

Evocación

“… aunque esta muerte sea / uno de los absurdos previsibles / da vergüenza  (…) / teclear las tres letras mundiales de tu nombre / en la rígida máquina
que nunca estuvo / con la cinta tan pálida”.

Benedetti


“Cuando tú comandante estás cayendo / ametrallado / fabuloso / nítido”, cuando se repite aquella mañana de la Higuera, y el tiempo vuelve a ser mercenario y oscuro y las balas queman a gritos las pieles. Cuando tú, comandante, que “eres nuestra conciencia acribillada”, regresas vestido con el alma, con la boina y la mochila; cuando eso sucede, y entras en mí, y en mis letras, ya nada de lo eterno peligra.

  “Dicen que te quemaron, / con qué fuego / van a quemar las buenas nuevas / la irascible ternura / que trajiste y llevaste”. No, eso es imposible, porque ni aún el silencio logra desvariar tu figura, y reapareces con el sol para alumbrar los caminos, incluso aquellos donde le pusieron fin a tu aire.

Y tu pupila me amanece cada mañana, me levanta de la cama donde te sueño desde siempre. Tengo tu rostro multiplicado en el cuarto, en todos los espacios. Me robé tu sonrisa para colocarla encima de la mesita de noche, y la contemplo hasta el último parpadeo. Mientras, tus ojos, tu barba de guerrero perpetuo, tu nariz perfecta, y el pelo, el pelo que sin brisas te golpea las mejillas, me hacen eternamente tuya.

Estás grabado en mis paredes, varias veces, porque tenerte es el único modo de encontrarme. Y en las tardes te leo poemas de Neruda, también “desde el fondo de ti, y arrodillado”, hasta que el libro rompe la afonía de las distancias y te haces mortal entre las luces. Te leo: “…fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame, / del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo”; y tomo tu mano, fuerte, bien fuerte, para que sepas que a mí, jamás me cultivará otro jardinero.


jueves, 6 de octubre de 2011

Sobre la cuerda del dolor

Hay unos ojos tiernos que la siguen por toda la casa. Pocas veces la descubren riendo, y muchas otras tratan de cerrar los párpados para no verla llorar: en el cuarto, en la sala, por detrás del colchón… Incluso la han escuchado hablando con los recuerdos, aún con la misma tristeza tatuada en el iris, han visto cómo el dolor le saja por dentro cada espacio y cómo el tiempo no calma el desespero de la ausencia. Hay unos ojos tiernos, siempre en vela y con flores a la diestra, que cuelgan de la pared inicial del hogar de Aida Domínguez Sarría.

El retrato de su hijo me hizo detenerme en seco, me fue difícil hablar, mucho más: preguntar. Allí estaba Eusebio Sánchez, allí ha estado desde hace 35 años, desde que Posada Carriles, Orlando Bosch, Freddy Lugo y Hernán Ricardo, tramaron el crimen y colocaran dos bombas en el avión donde venía.

Recuerda lo Aida con un nudo inmenso en la garganta. Cuenta, que desde pequeño fue un niño muy activo, le gustaba bailar, practicar deportes y se vinculó muy temprano a actividades de las organizaciones estudiantiles donde militaba. Un curso de controlador de vuelo, lo habilitó como trabajador del aeropuerto en Cienfuegos, tiempo después, se traslada a La Habana y obtiene un puesto de sobrecargo internacional en Cubana de Aviación.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Injurias


No sólo es el bloqueo o ese pedazo robado en Guantánamo. No sólo es el título de Nobel de la Paz que cuelga en algún lugar del despacho Oval o en la Casa Blanca o en qué se yo dónde. No sólo son esas balas cayendo en los pechos de miles de personas inocentes en el Oriente Medio o que estén armándose hasta los dientes con artefactos nucleares. No sólo es lo revertido y estúpido de su política. Hay más. Mucho más.      

Y es que de lo sublime pasan a lo súper ridículo. Hasta un niño de meses se daría cuenta. Ahora, aquel infausto gobierno también le “pasa la mano” a los terroristas. Y el autor intelectual de la explosión del vuelo cubano en Barbados, va a quedar inmune. Todos lo saben, así que no es necesario el juicio falso, ni los payasos a la entrada del juzgado.

martes, 4 de octubre de 2011

La vida en serio


No volveré a ser joven 
(Jaime Gil de Biedema)

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

 A veces enmudezco. Sé que aún no me crecen los suficiente las alas; apenas se me ven unas plumas en la espalda que no alcanzan ni para jugar con la brisa. Pero, qué puedo hacer.

  He intentado no contar los años, sino vivirlos; besar las bocas correctas, atrapar a los amigos y no sangrar mucho por culpa de los falsos. He intentado hablar sin que se me caigan las palabras; correr tras los sueños sin dejar de despertar; querer, poder, ganar. He intentado salvar los ojos y el alma de los abismos de fuego; sentarme en las tardes bajo la puesta del sol para leer un buen poema, y cocinar algo de vez en cuando.

 

lunes, 3 de octubre de 2011

Dónde

… me perdí del camino y extravié los rumbos, o los confundí.
… empecé a ser diferente, a equivocar las verdades y a hacerle el amor a la mentira durante toda la noche, y en las mañanas.
… giré la cabeza y dejé de escuchar los únicos consejos que necesité en la vida.
… coloqué las discusiones con los amigos, con los amantes, con las madres y las hermanas; las busco desesperadamente para sanarlas, pero apenas veo sombras.
… me escondieron al amor, por dios, solo deseo saber dónde.
… te me ocultas después de las lluvias. Tengo el paraguas roto y la capa agujereada, pero siempre dejo la ventana abierta.
… puse los poemas y aquel libro que olvidé regalarte.
… se me disimulan los niños que no tendré, apenas me dará tiempo a soñarlos.
… están los celos, los agravios, la hipocresía, la falsedad, dime dónde, porque no quiero fallar con las bombas.
… hay luces de colores o cuchillos con formas oblicuas que me desgarren por dentro.
… está mi futuro, el de verdad, no este maldito infierno donde me debato con minotauros y mariposas que me cosen los labios. El de verdad, no estos días de suelos cuarteados y realidades que sangran. No esto, con letras inservibles, y estancias sin flores, y espacios de soledad prolongada. No esta incredulidad del diablo que no me deja correr a otros brazos.
  Dónde está, es que lo estoy esperando, no importa si llega el último día, quiero aguardar por él convencida de que existe. Entonces, la muerte, me sabrá a gloria.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Cariátides


Los vientos del norte llegan en estampidas de colores y con mañas raras. Llegan y me susurran con la dulzura eterna de los dioses. Me acarician desde la frente hasta el tobillo, suave, muy suave, hasta detenerse en el único lugar prohibido para una sacerdotisa. Allí permanecen el resto de la tarde. Leyendo las grandes aventuras épicas de Homero y su Aquiles, o domando al minotauro de Creta.

Y yo firme, al borde de la Acrópolis, con un rostro que se multiplica a mi diestra, con el mismo cuerpo de ellas, y las manos, y los rasgos, y la pose. Yo firme, cual gladiador en la arena. Inmóvil, contemplando desde la altura las ruinas de la ciudad, y recordándote.

Tengo rota la esquina del hombro izquierdo, pero Fidias ha muerto, y Policleto y Mirón, y Paxíteles. No hay nadie, apenas sus recuerdos que en las tardes vagan sin rumbo sobre el Partenón. Me duele la cabeza, por esta manía absurda de aún querer mantener el pórtico contra el tiempo.

Aquí amanezco desde hace siglos, sola, con mi mudez. Tengo el sol tatuado en las grietas, y a la luna reflejada en la cornisa. Aquí estoy, detenida en la época de nadie, y recordando cómo solías subir al Erectión, sin miedos, para besarme en los labios. 

miércoles, 28 de septiembre de 2011

En su boca

Lo besó hasta robarle las entrañas. Le abrió la boca y se metió dentro; primero el rostro, luego las manos y el pubis y las piernas y el alma. Le abrió la boca a mitad de la cama, sin piedad, sin preguntas; le abrió la boca con fuerza, tiró de los labios como si fuesen cuerdas de un muelle que pende, los mordió, los succionó con una presión terrible.

Después le estrujó los dientes, los obligó a colisionar, en desespero, unos con otros, y a perderse entre la garganta y el cielo y la encía. Al final, liberó a la lengua, que cual serpiente hambrienta penetró en busca de la presa. Penetró, intrusa, bojeando todos los espacios: a la izquierda, y por encima y al centro. Salió acariciando las huellas, dejando una humedad exquisita, y con una satisfacción plena cual usurpador de gobiernos.

¡Ah!, ¡esa boca!, no pudo dejarla ni en sueños, ni después de esas realidades tan ajenas. No pudo, siquiera, no pensarla, pues se le incrustó en la piel sin que apenas se diera cuenta.

martes, 27 de septiembre de 2011

Raro


 Las noches ahora son diferentes. Aún te espero. El cuarto se me hizo grande de repente y ni la grabadora, ni la extensión, funcionan. El ventilador no entiende (apenas mueve las aspas), mucho menos el reloj o las sábanas. Y yo que aún no me atrevo a decirles ni una sola palabra, yo que aún invento subterfugios sin sentidos; y tú que todavía me estás mirando desde las fotos. Anoche, mientras intentaba escribir, me invadieron esos malditos bichos de la luz, y casi dejé que me devoraran. No sé si las picadas sobrevivirán al tiempo, o tú.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Interrogante


 Quizás fue el impulso, o sospechar de la brevedad de lo eterno, fue ese no saber, ese qué sé yo, esa espera predecible. Tal vez la sorpresa de descubrirte mortal, de mirarte, ¡por fin!, a los ojos; ¿fue eso?, no lo sé, no quiero descubrirlo y que se espante la humedad.

  Hereje esta cama, este cuarto, el poema. Brujo tú, condenada yo: y al fuego, y a la brasa, y a las cenizas. Ardimos juntos, con nuestras manos en nuestras manos, con nuestros labios en nuestros labios. Se quemó la piel de repente, y nos cocimos con las lenguas; se nos fundieron las carnes y levitamos al suelo. Y yo que ni siquiera te había soñado, y tú que me encontraste a mitad de la hoguera.

  Hombre que juegas con mapas y con países: ¿cómo aprendiste a desnudarme sin palabras, y luego desaparecer? 

jueves, 22 de septiembre de 2011

Tus palabras

Una sola palabra tuya, una sola, y se me revuelven los mares, y llegan tsunamis con olas gigantes a desahuciar el mundo donde me escondo. Una sola palabra, una sola, y se me caen los pedazos del cuerpo, y me incinero frente a vientos que turban la paz de ayer, o voy directo a sentarme frente a la línea de los trenes. Aún me estoy madurando, aún no tengo todas las respuestas o las direcciones, aún me tambaleo en una cuerda floja donde hace mucho que ya no estás, aún me doy golpes eternos contra las paredes, aún no aprendo a barrer las sombras del camino; aún no.

Entonces, cuando tiro arpones para sujetarme a las paredes, sin querer, se te clavan en el pecho, y te hago sangrar, y te maltrato conmigo misma, conmigo misma que no soy más que el daño eterno de las cosas; conmigo, que no sé enfrentar los destinos, ni ser valiente; conmigo, que cuando intento pelear con mis miedos se me doblegan las espadas y dejo que ellos me coman. Y me comen, y me atan en su estómago, y me amordazan…

Solo quisiera ver la luz alguna vez, en tus manos, con tus palabras, contigo; ver la luz, porque llevo más de dos décadas esperando, porque todavía no la he besado con mis ojos.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Las palabras, el cuento y el profe


 Recuerdo el día con mucha claridad. El profe Eduardo entró al aula con una grabadora en la mano. La clase era de redacción, por eso nos extrañó tanto a todos. Repartió una hoja en blanco a cada uno, y nos dijo que escribiésemos en el papel las sensaciones que produjera en nosotros la música, entonces le dio play a la grabación.

  La canción, una disco movida, estaba en inglés. Unos pocos supimos que se trataba de una narración cronológica del ataque a las torres gemelas, y escribimos como tal; otros tan solo anotaron sobre el papel recuerdos sobre las fiestas del fin de semana, o alegorías a la música que prendían mientras hacían el amor. Luego, el profe recogió las notas, y se fue sin decir nada.

  Una semana después volvió con nuestras ideas intactas. Volvió a repartirlas. Tomó una tiza y escribió en la pizarra las siguientes palabras:

 

martes, 20 de septiembre de 2011

Mentiras

 Mentía incontrolablemente. En la mañana, después del sorbo de café, a la hora del baño y durante el sueño. Todo lo que dijo alguna vez en su vida fue mentira. Mentira su nombre de caballero en conquista, mentira las palabras que vendió por Internet, y mentira los cuentos que leyó a sus hijos de mentiras. Mentiras sus mentiras, los colores de la pared, el trabajo, los amigos, la familia; mentira sus años, su figura, su alma.

  Pero las palabras de mentira se le fueron acabando sin que se diera cuenta. Y sin que se diera cuenta se encontró un día con la única verdad que hubiera de conocer en su vida. Era una verdad gigantesca y de colores, una verdad tan grande que se le atragantó en la garganta y lo hizo explotar.

  Reventó de verdad, pero aún así relató lo contrario, y todo el mundo creyó que había muerto de mentira.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Huracán

Foto: Ismael Francisco
 Estoy sentado sobre la cumbre de las sombras. La tempestad promete robarnos los espacios, pero no me muevo. Te miro, te estoy mirando, como siempre lo hice. Hay una distancia exquisita entre nosotros que extrapola los deseos. Pero yo te amo, porque desde hace mucho tiempo aprendí a llorar tu belleza con un desespero asombroso, a contemplarte en la medida, a conocer tus manías, y hasta descubrí la forma tan sensual en que duermes bajo las estrellas.

  Despiertas algo atontada, exactamente a las 9:00 a.m. bostezas, y no es solo hasta las y media que logras incorporarte al bullicio de la mañana y al salitre. Pero me temo que apenas sabes de mí. Desconoces que te dedico poemas extraños: "tú no te irás, mi amor, y si te fueras, / aún yéndote, mi amor, jamás te irías". Ignoras cómo te repaso a cada minuto, cómo te cuido, cómo te espero.

  Hoy amanecimos con vientos y lluvias oscuras. Hoy nos separa algo más: hoy nos aparta esa gran ola que me robó el privilegio de abrazarte; mientras yo sigo aquí, inmóvil, con los celos sajándome la estructura, y amándote desesperadamente sin que lo sepas.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Escucha


  Casi ni me atrevo a mentir, es la maldición, la del destino, o la piedra, esa que de pronto se te atraviesa justo en la sien y te obliga a obedecer; ¿o acaso es la bendición misma disfrazada del purgatorio? Los curas aprendieron a cerrar las puertas antes del diluvio, ¿y tú?, tú qué has aprendido exactamente. ¿Qué haces con mis manos, con mis recuerdos y mis huellas? Dónde los colocaste cuando cesó el torrencial.

  D
       i
            m
                  e.

  No quiero que me escondas detrás de ella. Me va a doler. No me interesan las criptas de colores rosa, ni las lápidas con epitafios que nada tenían que ver con nosotros, ni esas imágenes descompuestas en algún cuarto oscuro con cerraduras de cobre. No me conformaré con estar en la neblina, o con suerte, dentro de algún cometa que caiga sobre tu casa. No lo haré nunca.
 

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Janny


Tengo una amiga que hace mucho tiempo no puede caminar por la calle de siempre, ni mirar directo al sol, ni descansar bajo la luna que nos sorprendió tantas veces hablando sobre la litera. Una amiga que, a pesar de todo, sigue siendo hermosa, y mucho más hermosa que antes.
  Pero casi no puedo escribir, porque cuando lo intento, me viene a la mente el hospital, y el suero, y la jeringuilla y el catéter… y se me paralizan las manos, y no puedo aguantar la humedad en los ojos, y me doy golpes en la cabeza intentando encontrar un por qué. No puedo, soy demasiado débil, ¿o es que acaso la vida está siendo demasiado débil con ella?
  Tengo una amiga que desde hace cinco meses la torturan en salas con olores extraños. Sé que es para bien, pero, por dios, apenas tiene 24 años. No es justo, ni siquiera pensarlo es justo. Daría tanto por ella, aunque solo fuese el tiempo para regresar al pre, al aula, al albergue, a los naranjales donde hicimos de todo menos trabajar, por verla vestida de azul, ESCUCHAN, de azul, y no de verde. Daría cualquier cosa porque cesaran los pinchazos y los aislados, y esas visitas a través del cristal. Maldito cristal que no me deja darle un beso ni apretarle la mano.
 

lunes, 12 de septiembre de 2011

Sin noticias

 Hace días te me escondes en un paisaje extraño. Apenas he dormido bien, y me ahoga la incertidumbre de redescubrir que te perdí, aunque la escena ya la conozca. No es lo que digo, o lo que haces, es esa maldita manía de seguirte en los pasos, de buscarte en los silencios, y de perturbarte en los sueños. Es esa nociva obsesión de pintar tu figura en las nubes, de necesitar tus porqués para formar mis palabras, y de encontrar tu apoyo para cruzar las tormentas.
  Es una locura obscena que me desdibuja las formas y trae lluvias de cometas y mares dulces. Es esquizofrenia sin doctor, herida sin aguja, guerra sin balas ni fusiles. Y acá estoy, escribiendo, como siempre, o pensando en hacerlo antes de que se diseminen las ganas; acá: sola.
  Saldré al balcón, pero tengo miedo que una ola me nazca dentro, y que empiece a nadar dentro de los peces, y a comerme el azufre, y a viajar con los oídos sordos por la profundidad. Saldré, pero no hoy; no hoy que aún sigo sin noticias.

jueves, 8 de septiembre de 2011

El regalo


Él mismo le regaló el cuchillo. Envuelto en un nylon transparente. Era el primer aniversario de bodas y las sonrisas sobrevolaban las paredes. Por eso, tiempo después de las lluvias, ella no dudó en clavárselo sobre el abdomen. Se cansó de esperar sentada los moretones en la piel.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Urgencias

 Quiero llenar mi cuarto con tus fotos y mi cama con tus poemas y mi alma con tus rostros. Hombre de mar y aire: ven a mi lecho a perturbarme con tus olas, ahoga todos mis deseos en tu arena y arráncame la piel contra los corales. Péscame, de una vez, por dios, tira el anzuelo sin miedo a que se me desgarre la boca. Péscame. Yo estaré esperando a un lado de las sirenas, y por debajo de las medusas. No importa si es de noche y no se ve, no importa si tropiezas con los caballitos o los erizos o las estrellas; yo estaré tendida sobre el arrecife que lleva tu nombre.