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lunes, 4 de enero de 2016

Lo horrendo en el paisaje

Las ciudadelas habían sobrevivido durante mucho tiempo. Se levantaron, cautelosas, entre los edificios, en espacios yermos; fueron cubriendo zonas específicas del paisaje como en un tablero de ajedrez deben existir los cuadros negros. Crecieron, a la vista de todos, con inteligencia absoluta y demostrada eficacia.
Un 99,9 por ciento de quien en algún momento vivió en un primer piso de un edificio (y otros también) en un barrio, violentó la pared última de la cocina para expandirse, y bien se expandieron, tanto, que algunas geografías fueron modificadas al extremo; uniendo, por ejemplo, dos edificios por la parte trasera e impidiendo el paso entre ellos o sustrayendo, del panorama común, zonas de esparcimiento u ornato.
Hicieron cocinas más cómodas, cuartos extras, corrales de puercos (u otros animales), parqueos para carros, motores, etcétera; patios amplios para particulares usos, gimnasios, talleres, huertos… y hasta casas completas anexadas a una pared mutua. De todo. Unas más grandes, otras más pequeñas, más lindas, menos felices, más acabadas, más artesanales; una especie de fabelas crecientes que florecieron con ímpetu y se mantuvieron (muchas aún lo hacen) hasta hace muy poco.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Naturaleza muerta con baches

Edificios iguales que al alba / una y otra vez comienzan, / espejos ustorios que no veo / porque desde adentro el incendio se percibe / como un intento de morir organizado.

José Miguel


Del barrio he escrito hasta el cansancio. Es como el hijo pródigo sobre el cual nunca se deja de tener una mirada de esperanza.

Ya es bastante con que los coches cobren 2 pesos desde Pueblo Griffo hasta el Parque Villuendas y que las guaguas sean caso peliagudo, con que tengamos un policlínico fantasma que pocos servicios presta y al que al fin han empezado a remodelar amén de que estemos un buen tiempo sin asistencias médicas necesarias.

Las consultas de especialistas, por ejemplo, son un juego del gato y el ratón. El ginecólogo que me debía atender no lo conozco, tampoco al clínico, y justo el día que me tocaba turno para ultrasonido tuve que desplazarme (al igual que decenas de embarazadas) hacia la Cruz Roja en busca de la ecografía para conocer a mi hijo. Si estos galenos no podían asistir por cualquier tipo de problema, ¿por qué no garantizan un sustituto y evitan las molestias de quienes van continuamente en su captura sin encontrar explicaciones lógicas al desatino?


viernes, 5 de julio de 2013

Laberinto que siempre comienza

 
“(...) Toda ventana abre a otra ventana,
para llegar a cada puerta
hay que vencer otras puertas más hostiles
donde, es verdad,
aprendemos a ser más generosos
y a endurecer de un golpe la mirada”.


José Miguel

El ruido despierta a mi madre que duerme junto a la ventana. La noche se humedece. Tanques pegados como plagas a las paredes del edificio que saben ayudar a las familias en los tiempos de escaso líquido y que producen bullicios incontrolables toda la madrugada. Molesto azote, molestos tanques.

Los vecinos se quejan. Mucho. La mayoría de las veces con razón: que si la basura pasa más tiempo desbordada que recogida, que si las filtraciones son por culpa de los “inteligentes que diseñaron estas cosas”, que si vivir en un edificio es lo peor que te puede suceder. Y si pelean por causas comunes, vociferando desde los balcones, incluso agrediendo a vecinos cuyos argumentos siempre tendrán su parte de lógica.