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| Foto: Ismael Francisco |
Rubén Martínez Villena
Se quedó sentado en el borde del mar. Para siempre. Los pies tienen el inevitable olor a sal, y la camisa se pierde en puntillas sobre la espalda de la ciénaga. Oscurece. Se escucha el silencio, los mosquitos, pero Argelio mira más allá. Parece alcanzar el espacio de nadie. Lo toma. Regresa. Y sostiene las cinco décadas, que en su puño, pesan muy poco. Allí están. ¡Playa Girón es ahora tan pequeña!
Aún el pelo no se le ennegrece del todo. Parece más joven. La figura de caballero andante es prodigiosa, también la sonrisa que regala confianzas e invita a escuchar historias como si fuesen cuentos de hadas. Pero no lo son. Entonces hay que apretar fuerte las palmas de las manos y colocar los pies firmes sobre el suelo de su casa. Félix Argelio Lafita Puentes vive hoy en Playa Larga, la misma playa que fue violada en un amanecer de abril.
