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viernes, 30 de marzo de 2012

La elegía y yo

  “Nemesia -flor carbonera- / creció con los pies descalzos. / ¡Hasta rompía las piedras / con las piedras de sus callos!...”

Jesús Orta Ruiz

 
Le vi el fondo de los ojos y allí solo había sangre y balas y uniformes de mercenarios. Estaba el camión alejándose de Soplillar dando vueltas en la pupila y los gritos le subían por las pestañas, saltaban a las cejas y trataban de escaparse de los recuerdos; pero otros surgían en el centro mismo del iris. Las manos de carbonera y las piedras de sus callos han cambiado bien poco, y el retrato de su madre, a mitad de la sala, se roba el silencio del poblado. En el cuerpo están apocopados los dolores desde abril de 1961 y desde que su nombre quedó perpetuado en la elegía a sus zapaticos blancos.


viernes, 15 de julio de 2011

Palabras en cruz

Foto: Ismael Francisco
(...) Enfrente el horizonte, con alborear divino, \ Promete que mis sueños cumplidos han de ser; \ Detrás, donde se agolpan las brumas del camino, \ Resurgen las queridas imágenes del ayer...

Rubén Martínez Villena

 
  Se quedó sentado en el borde del mar. Para siempre. Los pies tienen el inevitable olor a sal, y la camisa se pierde en puntillas sobre la espalda de la ciénaga. Oscurece. Se escucha el silencio, los mosquitos, pero Argelio mira más allá. Parece alcanzar el espacio de nadie. Lo toma. Regresa. Y sostiene las cinco décadas, que en su puño, pesan muy poco. Allí están. ¡Playa Girón es ahora tan pequeña!
  Aún el pelo no se le ennegrece del todo. Parece más joven. La figura de caballero andante es prodigiosa, también la sonrisa que regala confianzas e invita a escuchar historias como si fuesen cuentos de hadas. Pero no lo son. Entonces hay que apretar fuerte las palmas de las manos y colocar los pies firmes sobre el suelo de su casa. Félix Argelio Lafita Puentes vive hoy en Playa Larga, la misma playa que fue violada en un amanecer de abril.