miércoles, 11 de abril de 2012
Los misterios del "si"
Si te sueño sin respuestas, si te veo recostado a mi máquina de afeitar cuando me rasuro, en el delineador de mis ojos y en los hilos de mi ropa cuando me visto; si no hay comida que no sepa a ti, olor que no sea el tuyo, recuerdo que no sean tus imágenes, cuentos que no sean los que escribes; si casi no puedo dormir, si los días se me hacen en extremo largos, si nada más pienso en otros meses y hasta tropiezo con palabras que dijiste y que traje colgadas del maletín; si hay tantos si, tantos si que en realidad son tú, ¿qué hago aún en este lado de la historia?
martes, 10 de abril de 2012
Mi ventana
Tengo el tobillo bien hinchado, le veo unos puntitos rojos, como si la sangre me estuviese ardiendo dentro o hubiera alguna batalla de glóbulos; y me duele a reventar, casi no muevo el pie y estoy sentada hace bastante tiempo frente a esta ventana: ¡pobre!, cansada de verme se ha echado a llorar, dice que le aburren mis auras, y ¿qué culpa voy teniendo yo de mis auras?, si jamás las escogí, si jamás les dije que vinieran a rondarme la cabeza, y hasta más: ¿quién ha visto una ventana con tantos gustos?, ja, pues vete, ándate, mira a ver si otros marcos, de otras casas, te quieren albergar, por lo pronto yo estaré aquí, en esta posición, por un buen tiempo.
Tengo el tobillo hinchado y rojo y verde, tal maceta sin flor en tierra podrida, en la mano tengo el libro de Cofiño y ando tragándome las letras, sin otro entretenimiento que burlarme de mi ventana y esperar a que baje la hichazón.
Tengo el tobillo hinchado y rojo y verde, tal maceta sin flor en tierra podrida, en la mano tengo el libro de Cofiño y ando tragándome las letras, sin otro entretenimiento que burlarme de mi ventana y esperar a que baje la hichazón.
miércoles, 4 de abril de 2012
Hay un señor que me roba
He perdido tantas cosas en tan pocos días que a veces me parece que esta no soy yo, que ha venido una pesadilla a poblarme, que me inquieta en las madrugadas, a la misma hora y en el mismo instante en que el cuarto me lanza una súplica, que me mira con los ojos hinchados y con el rostro marchito. Y yo sin tener mucho que decirle, y yo abriendo los párpados entre las brisas, y yo mirando las pocas estrellas que se atreven a dibujárseme en la piel.
Vuelven a ser las once y cincuenta y ocho, y vuelvo yo a leer poemas en la azotea y a levantar los pies entre las tuberías y a perder la vista en las copas de los flamboyanes. Vuelvo a pensar en el señor extraño que en las madrugadas se cuela por las hendijas a robarse los alientos. Yo lo vi una vez, vi cómo se llevaba mis sábanas, cómo arrastraba algunos de mis cuentos del librero, cómo me cortó un pedacito del pie y me quitó los sueños; yo sentí cómo me vació por dentro.
Vuelven a ser las once y cincuenta y ocho, y vuelvo yo a leer poemas en la azotea y a levantar los pies entre las tuberías y a perder la vista en las copas de los flamboyanes. Vuelvo a pensar en el señor extraño que en las madrugadas se cuela por las hendijas a robarse los alientos. Yo lo vi una vez, vi cómo se llevaba mis sábanas, cómo arrastraba algunos de mis cuentos del librero, cómo me cortó un pedacito del pie y me quitó los sueños; yo sentí cómo me vació por dentro.
lunes, 2 de abril de 2012
Verdades
Uno lleva las verdades tan adentro que a veces olvida sacarlas; se olvida que, allá abajo, viven con muy poca luz, con muy poco aire, y si no respiran, si la claridad no les traspasa el cuerpo alguna vez, empiezan a podrirse, a deshacerse en residuos que irán, poco a poco, contaminando todas las vísceras y todos los órganos. La enfermedad no tardará en infectar a la sangre, en recorrer cada minúsculo detalle, y cada vez que el corazón bombee, bombeará verdades muertas, cuerpos sin morgues y sin autopsia que harán mentir a cuanto pedazo sano le quede a uno dentro.
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